[ 103 canciones ]
Magnetic Fields se pasearon por el mundo (indie) con sus 69 canciones de amor. Y te lo restregaban en la cara de alguna manera indirecta (prensa especializada, reseñas, entrevistas). Y claro, como están en inglés y salen en los resúmenes anuales y el disco triple se ve bonito y vale sus buenos dólares, todos se rindieron ante Stephin Merritt y sus muchachos. (Esto me recuerda una conversación que tuve con Cancino....sobre si la Oreja de Van Gogh estuviera menos producido y saliera en una compilación de R.D.L..)
Pero a mi no me vienen con cuentos. Todas esas canciones palidecen ante El Salmón de Andrés Calamaro. 103 polaroids que por momentos topan cimas a las que los Fields ni siquiera se animan a escalar. Y más encima es un disco quin-tu-ple.
"Fuera de broma hay canciones suficientemente heroicas/ Paran los relojes con el pensamiento de alguien" dice el argentino, a modo de manifiesto en el volumen 2. Y bueno, siempre me parecerá más brutal la obra de un hombre solo que de un colectivo. Porque por mucha pena que tengas, estará el rostro de tus amigos luchando para que la olvides. En cambio un disco solista, mejor dicho la obra de un "songwriter" es sinónimo de madrugadas aferrado a la guitarra, la tinta y el papel. PERO SOLO, OJALÁ EN UN HOTEL DE MALA MUERTE.
Y después de las casi siete horas de escucha, algo me pasa. Porque si bien el protagonista (lo sé) es Andrés, asumimos que está cantando por todos nosotros. Y empezamos a mover los labios interpretando las letras que empezamos a aprender de memoria. Yo soy mas perno y agarro mi guitarra y empiezo a ensayarlas, sin más público que mi pieza, mi cama y mis cosas.
Pero vuelvo a lo escencial. Pasado el volumen uno los textos se van haciendo más intensos y crípticos y tenemos dos posibilidades: desconfiar de tanta sinceridad ("este tipo es un sensiblón") o arriesgarnos y quedarnos con el eco de frases como "Vengan a buscarme al fondo del mar, no puedo seguir respirando, él le dijo a mi corazón que siga recordando" o "Cada uno elige sus problemas, el mío lo elegí yo" o "no es vida la mía, estoy pensando tanto y sintiendo demasiado, que sensibilísimo tarado" o "formo parte de una sociedad secreta de hombres fracasados que lo saben disimular (...) presos de nuestra libertad, de aquellos besos, de aquellos besos"
Tal vez la vida no sea tan apocalíptica. Pero tal vez yo soy de los tipos que rieron más veces de las que lloraron, pero el llanto fue más intenso. Siempre va a ser un pecado mostrarse vulnerable. Entonces para no perder tiempo buscando que las personas te entiendan hay que asumir algunas cosas.
"La infelicidad se vuelve felicidad cuando es asumida" dijo alguien y yo diserté sobre el tema en la Universidad. Y unos compañeros me felicitaron y dijeron que se pusieron tristes y mi profesora dijo que me cuidara porque "yo era especial y tu sabes lo que pasa en esta vida con la gente que es así". Que raro es eso de ser una especie de "principito" o "holden" o "outsider" en la Universidad y ser un "sensiblón" en este limbo que es terminar una tesis sin fin.
En todo eso pienso yo mientras escucho a Calamaro y no entiendo por qué Ian Curtis o Lou Reed o Morrisey tienen derecho a ser sensibles y cantar sus penas y vulnerabildades y entrar en los sueños de las personas, y uno es constantemente amenazado de salir de ellos, de lo sueños de las personas que te importan.

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